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Cronos Mar del Plata

Sobre el tamaño del pene y otras curiosidades de la sexualidad animal

Esta táctica también la usa el macho del acentor común -un ave parecida a un gorrión-, que picotea las partes de la hembra para excitarla y hacer que se deshaga del esperma que pueda tener guardado. Y aunque se dice que los preliminares son importantes, jamás podremos estar a la altura de la mariposa nocturna Olceclostera seraphica cuyo pene parece un instrumento musical pues produce una vibraciones que excitan a la hembra.

Curiosidades Por: Guillermo Sammartino 26 de noviembre de 2022
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Algo que no vemos en el mundo animal es lo que el psiquiatra del King's College de Londres David Veale dice haber encontrado: todos los hombres han experimentado ansiedad o vergüenza por el tamaño de su pene. Claro que si lo comparamos con el de algunos animales podemos llegar a deprimirnos de verdad. Comparémoslo con el del caballito del diablo, un pariente cercano de las libélulas de fuerte color metálico. Su pene tiene un bulbo inflable, como si fuera un globo, y dos cuernos en la punta, además de largas cerdas a los lados. Algunas especies de caballitos las usan para desalojar el esperma que otro macho pudiera haber depositado en el interior de la hembra antes que él, y en otras lo que hace es estimular a la hembra adecuadamente para que ella misma lo expela.
 
 
 
Esta táctica también la usa el macho del acentor común -un ave parecida a un gorrión-, que picotea las partes de la hembra para excitarla y hacer que se deshaga del esperma que pueda tener guardado. Y aunque se dice que los preliminares son importantes, jamás podremos estar a la altura de la mariposa nocturna Olceclostera seraphica cuyo pene parece un instrumento musical pues produce una vibraciones que excitan a la hembra.

 

63890963_303Pareja en EE. UU. da la bienvenida a gemelos de embriones congelados en 1992



 
Nos obsesiona su tamaño pero en eso poco podemos decidir pues la longitud del pene está relacionada con la conducta sexual: de forma general podemos afirmar que si las hembras se aparean con un solo macho, su pene es pequeño. El gorila, por ejemplo, tiene un pene con unos lastimosos 5 cm, algo avergonzante para los 200 kilos que puede llegar a pesar. Comparémoslo con la malvasía argentina (Oxyura vittata), un pato de poco más de medio kilo de peso y medio metro de largo que tiene un pene de 20 cm cubierto de espinas.

Todas nuestras preocupaciones por su tamaño se esfumarían si fuéramos como las aves, que carecen de él -salvo contadas excepciones como cisnes, patos y avestruces-. La cópula la realizan juntando sus respectivas aberturas genitales. De entre todos ellas podemos fijarnos en el tejedor búfalo de pico rojo, un ave africana donde la hembra es tremendamente promiscua. En este caso el macho la hace temblar intensamente restregándole durante media hora un falso pene hasta que eyacula desde su apertura genital.


 
 
Intercambiar comida por sexo


Claro que no todo pasa por ser un amante dedicado; también se puede comprar ese momento de placer. De hecho, a las hembras de muchas especies les es normal intercambiar sexo por comida, ya sea porque el macho controla un territorio en el que hay un alimento que ella necesita, o porque caza una presa y se la ofrece. En las especies en que esto sucede es obvio que las hembras más promiscuas suelen comer mejor y dejan más descendencia, como sucede en el saltamontes común: ellas llegan a intercambiar sexo por alimento hasta con 25 machos diferentes y sin perder fuelle durante el apareamiento, que dura alrededor de hora y media. 

También tenemos el extraordinario  caso de la mariposa blancaverdinervada, que suele vivir en prados húmedos: un macho virgen eyacula el 15% de su peso en su primer encuentro. Por supuesto, semejante paquete no contiene solo esperma sino también sustancias nutritivas. No es de extrañar descubrir que las hembras que copulen con un mayor número de machos vírgenes ponen huevos más grandes y en mayor cantidad, pero sí que, además, vivan más tiempo que aquellas que solo se aparean con un único macho. Todo un bonus para las mariposas promiscuas. ¿Y qué pasa si sus amantes no son vírgenes? En este caso los paquetes espermáticos son la mitad de grandes, pero las hembras compensan la pérdida de comida copulando con más machos.
 
Agresividad incontrolable y lujuria incontenible son un cóctel habitual en el mundo del sexo animal. En los tiburones el macho agarra a la hembra con sus mandíbulas internas mientras inserta uno de sus penes, unas aletas pélvicas en forma de tubo (los tiburones tienen dos organos copuladores dispuestos paralelamente a su vientre).

Debido a esto las hembras a menudo presentan cicatrices o les falta un trozo de aleta. En el tiburón azul la piel de la hembra empieza a engrosarse durante la pubertad y cuando llegan a la madurez el grosor ya es el doble de la del macho y más profunda que la longitud de sus dientes. En la raya, una prima de los tiburones, la hembra también posee una piel más gruesa y los machos tienen unos dientes especiales, muy puntiagudos, que sirven para sujetarla.


Mordiscos y gritos


Por su parte, las hembras del grillo de la artemisa o grillo mormón tienen el peculiar hábito de morder una o dos veces las alas del macho mientras copulan para lamer su sangre. Al terminar esa sangre coagula y las alas se convierten en dos extrañas estructuras retorcidas, sin cumplir otra función que la de avisar al resto de las hembras de que ese macho ha dejado de ser virgen. ¿Entonces qué hacen para copular cuando han perdido la inocencia? Usar un cepo. Cuando la hembra se sube encima de él para comprobar su virginidad, el macho curva el abdomen para encajar sus genitales con los de la hembra y hace saltar el cepo, que se cierra sobre el abdomen de la hembra y no la deja escapar. ¿Y a qué hembra no le gusta que peleen por ella? Esto sucede en muchas especies, desde la elefanta marina septentrional, que además de gustarle los maduritos arma un gran escándalo cada vez que un macho intenta montarla para alertar a los que se encuentran alrededor (sus gritos despiertan incluso a los que están dormitando en la orilla).

Por su parte, la gallina bankiva, el ancestro salvaje de nuestra gallina de corral, emite un fuerte chirrido cada vez que pone un huevo. Podríamos pensar que no es un algo muy inteligente pues así alerta a posibles depredadores que estén por los alrededores, pero el objetivo de la gallina es otro: hacer que los machos comiencen a pelear entre ellos por el derecho a fecundar el siguiente huevo. Por su parte, las hembras guepardo no incitan a la pelea, pero ver a los machos luchando las pone cachondas: al poco tiempo de presenciarlas, entran en celo.


Pelea por mí


 
Caso aparte es el de la termita Zootermopsis nevadensis que, como su nombre indica, vive en los desiertos de Nevada (EEUU). Es un insecto eusocial, esto es, una especie que posee el más alto grado de organización social: los adultos cuidan de las crías, en un nido viven dos o más generaciones y su sociedad está dividida en una casta reproductora “real” y otra no reproductora “obrera”. Una característica de las termitas de Nevada es que  suelen vivir en pareja. Fundan su nido pero si al macho no le acaba de gustar la hembra, la deja. Claro que la hembra también tiene lo suyo: suele invitar a pasar a otro macho, lo que hace que se peleen. Eso sí, ella es totalmente servicial: entre asaltos, se ocupa de los dos por turno.

A la vista de estos comportamientos sexuales, ¿no nos parece que el ser humano es un poco soso?

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